2012 con Peter Rusell y Terence McKenna

Peter Rusell, licenciado en física teórica, psicología e informática por la Universidad de Cambridge, y autor de “From Science to God”, así como de “El Cerebro Global” y de “El agujero blanco en el tiempo”, expone, acerca de 2012 una pregunta: ¿Puede el tiempo acelerarse?, sin entrar en si ello pudiera ser una percepción subjetiva o bien un hecho contrastable por medios metrológicos. Observa: “el ritmo de nuestra vida siempre está acelerándose. Las innovaciones tecnológicas se extienden por nuestra sociedad en años en lugar de siglos. Cálculos que previamente requerían décadas ahora se realizan en minutos. Comunicaciones que exigían meses ocurren en segundos. En casi todas las áreas de la vida, los cambios se están produciendo cada vez más rápidamente”. Otro ejemplo está en los avances de agricultura del medioevo que, a pesar de que se producían despaciosamente a través de un siglo, si remontamos a épocas prehistóricas, tardaban cientos de miles de años en variar de un modo monofaz a un modo bifaz en la industria lítica. Rusell observa que ese patrón no se limita a la humanidad, sino que es un patrón matemático que encontramos en la propia evolución de la vida terrestre, en la que las formas de vida multicelulares aparecieron hace mil millones de años, los vertebrados hace cientos de millones de años, los mamíferos hace decenas de millones de años, los humanos hace unos cuatro millones de años, el lenguaje hace decenas de miles de años, las civilizaciones hace unos milenios, la revolución industrial hace tres siglos y la revolución informática hace unas décadas.

“Entonces, ¿dónde nos lleva todo esto? Algunas personas creen que estamos dirigiéndonos hacia una singularidad. Este es el término usado por los matemáticos para designar un punto en el que la ecuación se viene abajo y deja de tener significado. Las reglas cambian. Ocurre algo completamente diferente. Tenemos un ejemplo simple de singularidad cuando dividimos un número por cero. Si divides por números cada vez más pequeños los resultados son cada vez mayores. Pero si divides un número por cero, obtienes infinito”.

Vernon Vinger o Ray Kurzweil son matemáticos que han observado que el desarrollo humano actual puede estar dirigiéndose a una singularidad en base a que si la potencia de los ordenadores se duplica cada dieciocho meses, como lo ha hecho en los últimos cincuenta años, será en 2020 que ya habrán igualado el rendimiento de un cerebro humano, y de ahí habrá un sólo paso a que superen al cerebro humano.

Rusell, en el mismo sentido, observa que Terence McKenna, ya fallecido en 2000, en su libro “The Invisible Landscape”, investigó en la idea de que la humanidad se dirige hacia un punto de cambio infinitamente rápido. McKenna observó un fractal que modelizaba el desarrollo de las innovaciones humanas, y le llamó “onda temporal”, con la característica de que su forma se repite pero en periodos cada vez más cortos: “la curva muestra una aparición de innovaciones en torno al año 500 a.C., con la llegada de Lao Tse, Platón, Zoroastro, Buda y muchos otros, que ejercieron una influencia importante en los milenios siguientes. La naturaleza repetitiva de la onda temporal de McKenna muestra que el mismo patrón se presenta a finales de la década de 1960, aunque ocurrió 64 veces más rápido. En 2010, el patrón vuelve a repetirse, de nuevo 64 veces más rápido., y en 2012 vuelve a repetirse una vez más, también 64 veces más rápido. La escala temporal se comprime de meses a semanas, a días, tendiendo rápidamente a cero: el punto que McKenna llamó onda temporal cero. Pero ¿cuál es exactamente esa fecha? McKenna experimentó deslizando su curva a lo largo de la historia, buscando dónde encajaba mejor. Finalmente, eligió el 22 de diciembre de 2012. En ese momento él no sabía que el calendario maya también acababa sus 5.124 años un día antes.