Los primeros fechamientos de material carbonizado en depósitos
prehistóricos del volcán Tacaná fueron obtenidos
por Espíndola et al. (1989). Estos autores fecharon en 42
000 años (14C) un depósito de flujos de bloques y
ceniza en la localidad de La Trinidad.
Nuevas observaciones de campo arrojaron una edad de 38 000 años
para el mismo depósito de flujo de bloques y ceniza de La
Trinidad (Espíndola et al., 1996), edad muy cercana a la
ya reportada por Espíndola et al. (1989); también
otra edad cercana a los 30 000 años en la localidad de Monte
Perla.
Posteriormente, Macías et al. (2000) identificaron dos erupciones
ocurridas hace 10 000 y 1 950 años, lo que indicaba que el
Tacaná había tenido al menos cuatro erupciones de
gran magnitud durante los últimos 40 000 años. La
erupción de hace 1 950 años proveniente del volcán
San Antonio produjo el flujo piroclástico Mixcun.
Recientemente se han identificado al menos otras seis erupciones
del volcán Tacaná, ocurridas hace 32 000, 28 000,
<26 000, 16 000, 7 500 y 6 500 (Macías et al., 2004b;
Mora et al., 2004; García-Palomo et al., 2006).
Las erupciones que se presentaron hace 28 000 y 16 000 años
fueron producidas por la destrucción de un domo central,
por lo que se suman a las erupciones descritas anteriormente de
40 000 y 2 000 años (volcán San Antonio)
Sin embargo, la erupción de 32 000 años fue un evento
producido por actividad de tipo pliniana que no había sido
registrada en el volcán Tacaná, salvo una mención
muy superficial en el trabajo de Mercado y Rose (1992), en donde
incluían una isopaca de 2 m en el pueblo
de Sibinal, Guatemala
Otra erupción sobresaliente está representada por
el colapso de la porción noroccidental del
volcán Tacaná, que ocurrió hace menos de 26
000 años. Este evento produjo una avalancha de escombros
que viajó 8 km hasta el río Coatán, bloqueando
el drenaje de los ríos
San Rafael y Chocabj.
Las erupciones fechadas alrededor de 7 500 y 6 500 años
han producido flujos piroclásticos de ceniza y pómez
y oleadas piroclásticas, respectivamente, cuyos depósitos
cubren el cono moderno del volcán Tacaná
En el estudio de Macías et al. (2000) se reporta que el
sitio prehispánico de Izapa fue abandonado alrededor del
primer siglo D.C., debido a inundaciones asociadas a la erupción
Peleana, ocurrida hace 1 950 años en el Tacaná. Es
muy impresionante observar que diversos depósitos de lahar
de edad desconocida afloran en las zonas limítrofes de la
ciudad de Tapachula (250 000 habitantes). La ciudad de Tapachula
está asentada en los límites de dos enormes abanicos
aluviales de edad Pleistoceno-Holoceno, y entre los ríos
Coatán y Cahoacán. En estos ríos ocurren inundaciones
anuales y en ocaciones algunas más graves como las producidas
en octubre de 2005 por el huracán Stan.
Desde un punto de vista petrológico el complejo volcánico
de Tacaná está compuesto principalmente por andesitas
con dos piroxenos con una asociación mineralógica
de plagioclasa, augita, hiperstena+óxidos de hierro y en
ocasiones hornblenda. En menor proporción se tienen dacitas
con la misma composición mineralógica, formando esencialmente
lavas o domos viscosos. La composición química de
los volcanes del complejo muestra algunas variaciones significativas
(Mercado y Rose, 1992; Macías et al., 2000; Mora, 2001; Mora
et al., 2004). De este modo el volcán Chichuj ha generado
flujos de lava y domos andesíticos (59-63% SiO2). El volcán
Tacaná presenta flujos de lava basáltico andesíticos
(56-61% SiO2), flujos de lava y domos andesíticos y dacíticos
(61-64% SiO2), y flujos piroclásticos con líticos
juveniles de composición andesítica (60-63% SiO2).
El volcán San Antonio ha originado flujos de lava andesíticos
y domos dacíticos (58-64% SiO2). |